Text en què vaig basar la conferència que vaig pronuciar a la Facultat de Ciències Polítiques de la Universitat de Granada, el 26 de maig.
Buenos días, bon dia,
En primer lugar, quiero agradecer a Politeia y a la Universidad de Granda la invitación a participar en este ciclo de conferencias. Os lo agradezco personalmente porque es para mi una satisfacción estar en Granada, y haber tenido la oportunidad de conocer un poco esta ciudad, realmente encantadora, y porque es un honor poder expresarme en su universidad. Sobretodo, agradezco, a los organizadores y a todos los que habéis venido hoy a este acto, la oportunidad que nos dais a la gente d’Esquerra Republicana de explicarnos, de poder hablar con ciudadanos andaluces y de otras comunidades con los cuales, en el respeto de nuestra pluralidad, estamos convencidos que compartimos tanto valores democráticos y republicanos como anhelos de mayor libertad y justicia social, que seguro que nos permitirán compartir algunos proyectos e iniciativas sociales y políticas.
Es bueno que nos conozcamos mejor y es por ello que vengo también con voluntad de escuchar y sobretodo de responder, de informaros directamente sobre Esquerra y el independentismo democrático emergente en Catalunya e incipiente en el conjunto de los territorios con los que compartimos lengua y cultura.
Así pues, entro ya en materia y miraré de no extenderme demasiado, para luego poder responder tan bien como sepa el máximo de preguntas que queráis formular.
La gente de Esquerra, en general, nos definimos más como independentistas que como nacionalistas, y ello porque lo que define mejor hoy nuestro proyecto es la democracia y la libertad, que se concreta en el derecho a decidir, en la construcción de la capacidad de decidir, de crear estructuras políticas para que el pueblo catalán, los ciudadanos de Catalunya puedan decidir; lo puedan decidir todo, si quieren, sobre sus infraestructuras, su sanidad, sus escuelas… o sus impuestos, puedan decidir libremente si quieren un Estado propio (que Esquerra considera necesario para hacer políticas sociales avanzadas). Queremos dotar a Catalunya de instrumentos para que sus ciudadanos puedan decidir sobre que tipo de relación quieren tener con el Estado español, con Europa y con el mundo.
En Esquerra somos perfectamente conscientes que no existe una independencia absoluta, y menos en el mundo de hoy, sino más bien grados y formas distintos de interdependencia y la opción que planteamos es, a partir de las estructuras de Estado que ya empezamos a tener, crear un nuevo Estado dentro de la Unión Europea, con la misma independencia, o dependencia, política que puedan tener Dinamarca, Txequia o Eslovaquia, y, seguramente, con unas relaciones especiales con el Estado español, con sus Comunidades Autónomas y, en particular, en cualquier caso con las Illes Balears y el País Valencià, por los lazos históricos, culturales y lingüísticos que nos unen a dichos territorios; relaciones siempre decididas libremente y nunca impuestas por una de las partes.
Por lo que se refiere a la Unión Europea, nosotros pensamos que después de la ampliación al Este, que se ha ido realizando progresivamente y acompañada de una redefinición del mapa político impuesto después de la II Guerra Mundial, está pendiente una ampliación interna que pasa por el reconocimiento de realidades nacionales como Escocia, Catalunya y Euskadi, y su derecho a decidir. Podemos hablar más extensamente de ello luego en el coloquio.
Nuestro proyecto es un proyecto para todos los ciudadanos de Catalunya, sean cuales sean sus identidades y sean cuales sean sus lenguas de origen (lenguas que vamos a ayudar a conservar y a desarrollar porque son una riqueza y nos abren oportunidades en el mundo globalizado).
Estamos muy alejados de un nacionalismo conservador que teme al cambio y se cierra, aunque podamos entender algunas de las causas de su reacción. Pero, desde nuestro punto de vista, como repetimos a menudo, el peor enemigo de una Catalunya libre seria una Catalunya que se pretendiera pura.
El nuestro es un proyecto nacional abierto, inclusivo, en construcción, substancialmente democrático, que necesita el concurso de una gran mayoría para hacerse realidad. Nuestro proyecto se define mejor así que como la simple afirmación de una identidad nacional enraizada en la historia, que también nos da legitimidad pero que no basta para construir el futuro. Aunque, evidentemente, la historia sirva para explicar, entender, algunas cuestiones del presente. Por eso no voy a eludir la breve introducción histórica que los organizadores me sugirieron que hiciera.
Así pues, aunque sea muy rápidamente, me referiré con pinceladas de brocha gorda, y naturalmente desde nuestro punto de vista, a algunas cuestiones de la historia de la relación Catalunya – España, que nos permitan entender mejor algunas cuestiones de hoy, y también me referiré así de rápido a los orígenes de Esquerra Republicana de Cataluña.
Las relaciones Cataluña-España han sido siempre conflictivas y, en general, a lo largo de la historia fruto de una imposición española. Incluso en los pocos momentos en que hayan parecido ser fruto de un pacto, este, en Cataluña y también en España, aunque por motivos totalmente opuestos, a menudo ha sido percibido como un mal menor y como una limitación a las aspiraciones propias.
Remontándonos al siglo XV, la exclusión de Catalunya de la colonización y el comercio en América desde Isabel Católica, ya fue un síntoma de que, más allá de la unión dinástica, el conflicto era profundo
El primer gran proyecto uniformador según las leyes y costumbres de Castilla seguramente fue el del conde-duque de Olivares, en tiempos de Felipe IV. Fué una de las causas de la que nosotros llamamos Guerra dels Segadors de 1640 a1652, que en Catalunya acaba en tablas, ya que se conservan las instituciones propias, pero tiene como consecuencias la disgregación territorial de las comarcas catalanas situadas al norte de los Pirineos que pasan a formar parte del Reino de Frància, mientras, en cambio, Portugal recobraba definitivamente su independencia,
Más éxito tuvo el proyecto uniformador borbónico (éxito relativo, claro, si nos atenemos al hecho que al cabo de 300 años aún existimos como nación). Ese proyecto uniformador se impuso a Catalunya, y a todos los territorios del ámbito histórico, cultural y lingüístico catalán, al termino de la guerra de sucesión espanyola el 11 de setiembre de 1714, con la conquista militar de Barcelona por las tropas franco-castellanas. La fecha es importante y recordada porque la fiesta nacional de Catalunya se celebra en dicha fecha y porque dentro de seis años, en el 2014 se celebran los 300 años del inició del dominio centralista español y de una voluntad sistemática de subordinación cuando no de pura eliminación de lo catalán ante lo castellano-español. La efeméride coincide con un crecimiento en Catalunya del movimiento por el derecho a decidir y la reivindicación de la convocatoria de un referéndum para que los ciudadanos de Catalunya se pronuncien sobre la independencia de Catalunya. Incluso existe una propuesta de que dicho referéndum se realice en 2014, aunque basando su legitimidad bastante menos en la historia que en una extensión de los derechos democráticos de los ciudadanos de Catalunya, como ya señalaba al empezar.
Continuando con la breve y sincopada referencia histórica, cabe subrayar que el movimiento político catalanista de resistencia al centralismo español, que surge a caballo del crecimiento económico y del renacimiento cultural de Catalunya durante el siglo XIX, desde sus inicios tiene dos almas, una regionalista-autonomista, de carácter más burgués, y otra republicana federal, más popular y vinculada al movimiento obrero. Este movimiento catalanista eclosiona a principios del siglo XX y desemboca en una primera etapa, con un dominio regionalista, en la Mancomunidad de Catalunya (mancomunidad de diputaciones), encabezada por la Lliga Regionalista, en la qual podemos reconocer fácilmente las raices del catalanismo burgués de centroderecha representado hoy por CiU. En una segunda etapa, fracasados los flirteos monárquicos de algunos regionalistas, y después del marasmo de la dictadura de Primo de Ribera, el movimiento catalanista desemboca en el triunfo del republicanismo de matriz federal e independentista que representa Esquerra Republicana de Catalunya.
Esquerra Republicana de Catalunya fue fundada en marzo de 1931 a partir de la unión de tres organizaciones políticas (Estat Català, de Macià, Partit Republicà Català, de Companys, y el grupo de L’Opinió) y de un gran número de agrupaciones republicanas catalanistas de carácter local y comarcal, con un programa basado en *el reconocimiento de la personalidad nacional de Catalunya, *la defensa de los derechos del hombre y de los ciudadanos, y *la socialización de la riqueza; programa que incorporaba reivindicaciones sociales como la libertad sindical, el derecho de huelga, el salario mínimo, la jornada de ocho horas, las vacaciones pagadas obligatorias, los seguros y la jubilación obrera, etc.
Un mes después de su fundación Esquerra Republicana triunfa de manera absoluta en las elecciones municipales en Catalunya y el presidente de Esquerra Republicana, Francesc Macià proclama “la República Catalana dentro de la Federación Ibérica”, que después de intensas negociaciones y presiones, pasa a denominarse Generalitat de Catalunya, recuperando el nombre de la institución de gobierno catalana medieval, disuelta después de 1714, y se plantea un Estatuto de Autonomía, que aprueba el pueblo de Catalunya en referéndum en el mes de agosto de 1931 y que no entra en vigor hasta el setiembre de 1932 una vez lo aprueban las Cortes españolas republicanas, no sin antes haber recortado y rebajado su contenido. Estamos en los antecedentes lejanos del actualmente llamado Estado de las autonomías, en que se dibuja Cataluña como motor de algunos cambios políticos fundamentales.
Esquerra Republicana gana todas las elecciones del periodo republicano en Catalunya. Con la victoria del franquismo, el partido es diezmado, víctima de la represión, y sobrevive principalmente en el exilio. Su presidente y último presidente democrático de la Generalitat de Catalunya del periodo republicano, Lluís Companys, es detenido por los nazis en Francia, entregado a los franquistas, sometido a un Consejo de Guerra y fusilado por ser presidente de Catalunya.
Con grandes dificultades ERC se reorganiza en la clandestinidad en Catalunya y esta presente en los movimientos democráticos contra el franquismo.
Hasta aquí las pinceladas de la historia más lejana, y vayamos a lo más reciente.
2.
Es bueno saber que Esquerra Republicana de Catalunya no pudo presentarse a las primeras elecciones democráticas de 1977 con su nombre, en que si lo hizo por ejemplo el partido comunista, por ser un partido republicano y se presento en coalición con el extinto Partit del Treball bajo la denominación Esquerra de Catalunya. El presidente d’Esquerra Republicana, Heribert Barrera, fue elegido diputado. ERC no entro ni ha entrado nunca en el consenso Constitucional de 1978, defendio en aquel momento la República democrática como forma de estado y el derecho de autodeterminación de Cataluña, y promovió el NO en el referéndum constitucional del 6 de diciembre del 78.
ERC considera muy insuficiente el Estatuto de Autonomía de 1979, a pesar de ello, dado que no se perfila otra alternativa plausible, opta por el voto afirmativo para garantizar un mínimo autogobierno de Catalunya.
En las elecciones de 1980 al Parlamento de Cataluña, Esquerra obtiene el 8,9% de los votos y 14 diputados, sin embargo el pacto con CiU y una cierta indefinición de su mensaje político, llevan a Esquerra a un periodo de declive y de crisis.
Sorprendentemente esto pasa en un momento en que, en cambio, surge un amplio movimiento cívico catalanista ante las continuas amenazas contra el autogobierno catalán y contra el proceso de recuperación de la lengua catalana
(como el Manifiesto de 2.300 profesionales españoles residentes en Cataluña, contra el proceso de normalización lingüística, que recibe como respuesta una Crida a favor de la lengua catalana suscrita por más de 400.000 personas y con movilizaciones continuas esos años, o como el intento de golpe de Tejero en 1981 o la Ley Orgánica de Harmonización de los Procesos Autonómicos de 1983, en plena mayoría absoluta del PSOE, pero que continuaba el pacto de limitación de las autonomías entre PSOE y UCD de 1981, y que entre otras cosas implicava la desaparició de la competència autonòmica de desenvolupament legislatiu, consagrava la prevalença absoluta del dret estatal sobre el dret civil català, permetia que l'Estat dictés lleis que establissin els principis necessaris per harmonitzar les disposicions normatives de les comunitats autònomes, fins i tot en el cas de matèries atribuïdes a la seva competència apelando a el “interès general", etc. LOHAPA a la cual la Crida respondio con una manifestación de 300.000 personas).
El sector catalanista del PSC estaba en crisis ante un PSOE centralista y CiU, empantanada en un gobierno autónomo con pocos recursos y con unas competencias limitadas, y con un sector llamado de los negocios comprometido en operaciones no siempre claras, no resultaba una alternativa atractiva, no era capaz de dar cobijo a las aspiraciones de buena parte de ese nuevo movimiento cívico catalanista que incorporaba a muchos jóvenes que no habían participado directamente en la lucha antifranquista y que desencantados por los limites de la Transición y de la autonomía se mostraban sin complejos independentistas. Mientras, la vieja Esquerra no acababa de reaccionar. Pero, en 1987 un centenar de personalidades de la vida pública, conscientes que era necesario un instrumento político, hacen una Crida, una llamada, a Esquerra Republicana, el partido histórico del catalanismo de raíz más popular, para que aglutine la nueva generación independentista. La incorporación de nuevos militantes bregados en los movimientos cívicos provoca un giro copernicano en Esquerra, que pasa a ser el partido del pasado republicano de los abuelos, a ser el partido de los abuelos y los nietos.
En 1989 se elige una nueva dirección que, negro sobre blanco, seguramente por primera vez con tanta claridad en la historia de Esquerra, asume la independencia de Catalunya como objetivo político, que plantea una renovación del discurso independentista democrático, que se articula como organización en el conjunto de los Paises Catalanes y que logra neutralizar a los grupos más radicales y violentos, como Terra Lliure, que abandonan la llamada lucha armada y se destierra de Cataluña el espejismo de ETA, que aparece no solo como un grupo criminal sino como uno de los principales obstáculos para el desarrollo de una opción independentista democrática mayoritaria.
En 1992 ERC recupera su nivel electoral de 1980 y se convierte en la tercera fuerza política del Parlamento de Catalunya.
En 1996 se perfila definitivamente la Esquerra de estos últimos años que se sitúa desde el catalanismo independentista democrático a la izquierda del espectro político, la Esquerra que se convertirá en pocos años en el factor decisivo del cambio político en Catalunya, optando por el pacto de izquierdas y catalanista con el PSC e Iniciativa, y en el Estado español más tarde acordando un voto de confianza a la primera etapa del gobierno Zapatero, el de las promesas de la España plural, el de la ampliación de los derechos civiles y de la recuperación democrática ante las derivas autoritarias del aznarismo.
El razonamiento de la nueva Esquerra es el siguiente: Catalunya, y también las Illes Balears y el País Valencià, a pesar del cambio democrático, que ha sido insuficiente, no solo sufren una opresión del Estado español por lo que se refiere al pleno reconocimiento de su identidad nacional, de su lengua, de su cultura, de su historia…, sino también un espolio económico, que se materializó en * por un lado en un traspaso de competencias con poco poder de decisión, pero con mucha carga de gastos, y con una financiación insuficiente, que entre otras cosas no tiene en cuenta el aumento demográfico, pero con mucha carga de gastos, y *por otro, en una balanza fiscal, totalmente desequilibrada a favor del Estado, y con una inversión bajísima del Estado en infraestructuras, que en buena parte en Catalunya son de iniciativa privada y de peaje; esa Catalunya de peaje, que no se limita a las autopistas, sino que existe en sectores tan básicos como la educación o la sanidad. Este trato injusto del Estado español, y de ese núcleo duro, esa casta residente en Madrid de altos funcionarios del Estado, de dirigentes de empresas públicas como Telefónica, las eléctricas… que se van privatizando, en beneficio de amigos y conocidos, y en conexión con los capitanes de las altas finanzas, ese trato injusto y en última instancia esa falta de capacidad de decisión sobre nuestros recursos, sobre nuestras infraestructuras…, esa falta de Estado propio, nos perjudica a todos los ciudadanos de Catalunya, hayamos nacido donde hayamos nacido, hablemos la lengua que hablemos, e iba a decir nos perjudica a todos por igual, pero no, porque nos perjudica a todos pero muy particularmente a los más pobres que son los más necesitados de políticas públicas de nivelación dentro de la propia Catalunya –se olvida demasiado a menudo que en Catalunya hay más de un millón de pobres, que són más que los habitantes que tiene Extremadura, como se olvida también que es una de las regiones de Europa que más inmigrantes ha acogido en los últimos diez años, durante los cuáles su población ha pasado de seis a más de siete millones de habitantes.
No es casual que la gente que nos encontramos en Esquerra Republicana, como sucedía ya en los años 30, seamos mayoritariamente trabajadores, algunos profesionales, algunos pequeños empresarios y autónomos, provengamos de sectores sociales populares y estemos muy enraizados en los pueblos y en los barrios de las grandes ciudades.
Esquerra hace pues una opción para configurar una izquierda catalanista independentista, con una propuesta política en beneficio de la mayoría de la sociedad catalana, una propuesta inclusiva para los que llegaron en su día de Andalucía, de Extremadura, de Aragón o de Galicia, y para los que han llegado más recientemente de Àfrica o de América Latina.
Una propuesta inclusiva en que la lengua catalana común como elemento de cohesión junto al plurilingüismo en que ocupa un primer lugar el castellano no son un problema sino una oportunidad. No tenemos una nación hecha, sino una nación a medias en construcción, que abre sus puertas a los nuevos ciudadnos.
(El bilingüismo nos ha dado mayor conocimiento, mayor plasticidad. Ahora nos planteamos añadir el inglés y conseguir el trilingüismo en una o dos generaciones.
En Catalunya se hablan más de 200 lenguas, 40 de las cuales tienen más de 2.000 hablantes y podemos favorecer que se mantengan y sean una riqueza más de nuestro país en el mundo globalizado.)
Y en relación con esta última cuestión de los catalanes de orígenes diversos, la opción de Esquerra además tiene otra motivación, evitar la fractura de la sociedad en dos bloques nacionales, como sucede en buena parte en el País Vasco, donde a un bloque vasquista, independentista y soberanista, que posiblemente supera el 50%, se le opone un bloque espanyolista, unionista, que no llega al 50% pero que se acerca. El objetivo de Esquerra es construir una mayoría social para tener estructuras de Estado propias para hacer políticas en beneficio de esa mayoría social.
Finalmente, Esquerra, y menos en el contexto de la radicalización derechista y españolista del último gobierno de Aznar, no podía olvidar que CiU durante los últimos mandatos de Pujol prefirió el pacto con el PP, también en Catalunya, al pacto con Esquerra (cuándo tanto el PP como ERC tenían 12 diputados que podían asegurar a CiU la mayoría en el Parlamento catalán en 1999).
La estrategia de Esquerra se concretó en la propuesta de reformar el Estatuto de Catalunya, que, más o menos abiertamente, todos los partidos en Catalunya menos el PP reconocían que era necesaria pero que nunca encontraban la ocasión de plantear por temor al enfrentamiento con el Estado.
En las elecciones autonómicas de 2003, punto de inflexión decisivo de la política catalana y española de estos años, Esquerra, con esta línea de actuación, obtiene más de 540 mil votos, dobla prácticamente el número de votos de los anteriores comicios y con 23 escaños, no solo consolida con creces su posición de tercera fuerza política catalana sino que tiene la llave de la gobernabilidad en Catalunya.
Esquerra se convierte en catalizador de cambios muy importantes en la sociedad catalana y de rebote en la española. La formación del gobierno catalanista de izquierdas y el inicio de los trabajos del Parlamento de Catalunya para redactar un nuevo Estatuto, en pleno apogeo del aznarismo, provocan un corrimiento político de la inmensa mayoría del arco político catalán hacía posturas más consecuentemente catalanistas, algunas de las cuales hacía poco solo eran defendidas por Esquerra Republicana, emergen algunos problemas endémicos de la autonomía catalana, como la mala financiación, el déficit sanitario o el de las infraestructuras, y aumenta la consciencia social entorno a estas cuestiones, aunque a veces siguiendo un ritmo distinto al del debate político.
El empuje de Esquerra catalaniza más al PSC y radicaliza el discurso, al menos el verbal, de CiU.
El triunfo de ZP, con el discurso de la “España plural” y después de haberse comprometido a aceptar el contenido del Estatuto de Cataluña que aprobara su Parlamento, junto con los resultados extraordinarios de ERC en las elecciones de 2004 (650 mil votos y 8 diputados en el Congreso, además de 4 senadores), alentan a ERC a perseverar en la línea emprendida y a poner a prueba la capacidad de auténtica reforma federalizante del Estado español. Esquerra, en ese contexto, no puede rechazar la mano tendida del presidente del gobierno español y apuesta por la redacción de un Estatuto que asuma cuatro cuestiones clave:
1) El reconocimiento de Catalunya como nación. Dar a la lengua catalana, al menos en Catalunya, el mismo estatus que tiene el castellano en todo el Estado.
2) Conseguir una definición precisa de las competencias y blindarlas ante cualquier intento de redefinirlas a través de leyes de bases o de leyes orgánicas.
3) Definir la transición hacia un nuevo modelo de financiación que tuviera como núcleo la recaudación de todos los impuestos por la Generalitat de Catalunya.
4) Conseguir el traspaso de las infraestructuras básicas, como los aeropuertos, acompañado de unas inversiones que recuperasen los déficits históricos y los más recientes.
Se trataba de un nuevo Estatuto que suponía una lectura abierta de la Constitución y un inicio de concreción federalizante de la “España plural”.
ZP nos promete, no solo que aceptará el Estatuto que apruebe el Parlamento de Catalunya, sino que estaremos tan cómodos en la nueva España que renunciaremos a la independencia de Catalunya.
La estrategia de Esquerra, que no lo olvidemos tiene “solo” el 16% de los votos en Catalunya, entre 2004 y 2005 empieza a dar frutos:
• El PSC, en el gobierno gracias a la opción de Esquerra por un gobierno de izquierdas y catalanista, asume un discurso catalanista mucho más consecuente que en épocas anteriores, sin grandes resistencias internas (aunque no hay que olvidar que el partido Ciutadans/Ciudadanos surge de gente que había sido próxima al PSC-PSOE), habida cuenta de la apuesta de ZP por la España plural.
• CiU sin responsabilidades de gobierno se permite una radicalización de su discurso catalanista con la doble intención de: 1) obligar a Esquerra a romper el gobierno pensando que el PSC-PSOE no resistiría la subida del listón autonómico que se estaba produciendo en los trabajos de la ponencia redactora del Estatuto; y 2) atraer las simpatías del votante catalanista, conseguir que olvidara los pecados de sus pactos con el PP, y, de esa manera, intentar erosionar electoralmente a Esquerra o, al menos, frenar su crecimiento.
• En Madrid, mientras, hay un presidente del gobierno que, con el apoyo parlamentario de Esquerra hace en aquel momento el discurso más abierto que hubiera hecho ningún otro presidente por lo que se refiere a la pluralidad del Estado. Por lo demás, Esquerra juega un papel fundamental en las políticas más avanzadas socialmente y progresistas de los 2 primeros años de gobierno ZP.
En este contexto, se aprueba en Catalunya el 30 de setiembre de 2005 un Estatuto muy ambicioso que responde en gran medida a los planteamientos de Esquerra en aquel momento (Esquerra incluso había teorizado en su Congreso de 2004 sobre una posible estación federal en las relaciones de Catalunya con España previa a la independencia).
El espejismo se deshizo rápidamente porque la respuesta de la España profunda, representada por el PP, pero también por un sector de mucho peso en el PSOE (no hay que olvidar que Bono había estado a muy pocos de ser quién liderara el PSOE en lugar de ZP), fue de una virulencia pocas veces vista: utilizando la mentira sin vergüenza, la demagogia populista, chenófoba tratando a los catalanes como extranjeros indeseables, con boicots a los productos catalanes o con declaraciones como las de Esperanza Aguirre en relación con la Opa de Gas Natural a Endesa. Y ZP privilegia el pacto interno del PSOE a cualquier atisbo de cumplimiento de su promesa con Catalunya.
Empieza la cepillada del Estatuto catalán (de la cual se pavoneará abiertamente Alfonso Guerra), el PSC se amilana, y CiU también, con la particularidad que ya les va bien para su propósito de romper el gobierno de Catalunya y volver al poder.
Esquerra después de haber marcado la agenda política se ve aislada, en parte porque ha hecho una apuesta que esta por encima de su fuerza política real y sus diversos socios no se atreven a plantar cara, porque el mensaje que llega de España es que no hay evolución, ya no federalizante, apenas autonómica, que si Catalunya persiste en su Estatuto, el del Parlamento, por ejemplo retirándolo, se abrirá una crisis de Esatdo.
Tampoco hay que olvidar las inmensas presiones de los sectores más poderosos de la economía catalana que considera que el debate esttutario está perjudicando sus expectativas, por ejemplo en relación con la Opa a Endesa. Esa gente presiona para que se llegue a un acuerdo cuanto antes y CiU cede y tiene lugar el pacto Mas/ZP.
Esquerra, su dirección, tarda en reaccionar. Por un lado, no quiere abandonar el gobierno de Catalunya porque sabe que eso precisamente es lop que buscan sus adversarios y, también, porque cree que desde el gobierno puede consolidar su presencia territorial en los municipios mejor que desde la oposición. Por otro, tiene aún esperanzas, alimentadas por un hábil Rubalcaba, de que va a conseguir añadir algo substancial, como el traspaso del aeropuerto de Barcelona, al mal pacto Mas/ZP, y que eso le va a permitir avalar aunque sea críticamente el Estatuto. Se da cuenta tarde que ZP no solo ya no la necesita, sino que quiere desembarazarse de lo que puede ser para él un lastre electoral en la España monolingüe después de la campaña desaforada del PP contra Catalunya y contra Esquerra.
Las bases de Esquerra se agitan y la dirección entre las cinco opciones que barajaban algunos (sí crítico, voto blanco, abstención, voto nulo con papeleta propia reivindicando el Estatuto del Parlamento de Catalunya, no) acaba optando bajo presión de la militancia por el voto negativo, una de las más difíciles de explicar a los votantes, menos por el rechazo al Estatuto, que por la coincidencia formal con el PP, aunque las razones fueran radicalmente opuestas, y porque chocaba con la actitud histórica de la mayoría del catalanismo de aceptar cualquier cosa por pequeña que fuera que supusiera un cierto avance.
Esquerra es expulsada del gobierno de Catalunya.
El descalabro del referéndum fue considerable, para todos. La abstención fue inmensa, seguramente la mitad del electorado de Esquerra no fue a votar, el No tiene un mal resultado y el Sí queda muy lejos del 50% del censo; pero la sociedad catalana quería pasar página, aún a sabiendas o sospechando que Esquerra tenía razón porque no se habían resuelto las cuestiones fundamentales, la principal la financiación. Es bastante significativo que el barómetro de opinión de Catalunya registra ya el mismo mes de junio que más de la mitad de los catalanes consideran que Catalunya tiene un nivel insuficiente de autonomía (y el porcentaje no ha cesado de incrementarse)
Esquerra cierra filas y empieza una campaña de proximidad con su electorado en todo el territori. La gente empieza a entender que más allá de los errores, Esquerra ha hecho bastante lo que ha podido con la fuerza que tenía. Y Esquerra aguanta muy bien el desgaste de estos años en las elecciones al Parlamento de Catalunya de 2006 y consigue más de 400 mil votos y 21 diputados (tenía 23), con los cuales continua teniendo la llave de la gobernabilidad, entre otras cosa porque el PSC, en contra de la opinión de ZP, entiende que seria un suicidio en aquel momento la sociovergencia.
Está claro, al mismo tiempo, que las cosas son más difíciles de lo que parecía, que la España plural ya no es posible, porque los españoles en realidad no la quieren, que el federalismo es un espejismo y que la única vía que nos queda a los catalanes es la soberanista, la independentista… que ya han relanzado todo tipo de plataformas que junto con Esquerra habían organizado la gran manifestación, de 400 o 700 mil personas, a favor del derecho a decidir en febrero del 2006.
Aún así, Esquerra considera que debe estar en el gobierno catalán, entre otras cosas porque se siente víctima de una campaña muy dura de sus adversarios, y de algunos de los que habían sido sus aliados, que la acusan de inmadurez como fuerza de gobierno, considera que no puede pactar con aquellos, CiU, que son coresponsables con ZP del mal Estatuto, y está convencida que no debe abandonar su estrategia de pactos de izquierda para fomentar el catalanismo, el independentismo social. Esquerra se atreve a nombrar presidente a José Montilla, un nuevo catalán, nacido en Andalucía, que habla mal catalán… Esquerra quiere poner a prueba al socialismo catalán ante el despliegue del nuevo Estatuto y, particularmente, ante la negociación de la nueva financiación con un PSOE mucho más cerrado y que considera acabado el proceso de reformas autonómicas. En eso estamos. Como estamos también en lo que constituye otro de ,los argumentos de Esquerra para estar en el gobierno: solo desde el gobierno y de la cultura de gobierno se pueden construir las estructuras necesarias, y tejer las complicidades y las alianzas necesarias, para llegar a plantear una consulta sobre el derecho a decidir y sobre la conveniencia o no de la independencia de Catalunya.
De todo este proceso complejo y de sus tensiones, agudizadas por un mal resultado electoral en 2008 en relación con las esperanzas que abrió el extraordinario del 2004, nace una crisis larvada en Esquerra que desemboca en el actual proceso congresual.
Quedan muchas cuestiones por plantear y responder pero os las dejop para esta segunda parte de coloquio.
Antes de terminar, sin embargo, dejadme que os de algunos datos sobre Esquerra y su presencia institucional, y sobre la evolución de la opinión catalana en relación con la autonomía y la independencia.
Em dic Miquel Bofill i Abelló. Sóc senador per la circumscripció de Girona de l’Entesa Catalana de Progrés (PSC-ERC-ICV-EUiA) i un dels quatre senadors d’Esquerra Republicana de Catalunya que formen part d’aquesta coalició catalanista d’esquerres al Senat.
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